Llama a la Señora.. 2 Reyes 4:8-37


En el 2do libro de los Reyes vemos algunos de los milagros realizados por el profeta Elíseo.  Los que mas llaman mi atención son el de la “mujer viuda” (1-7) y el  de la mujer sunamita (8-37).  A diferencia de la mujer viuda que    “no tenía nada”, la mujer sunamita “no le faltaba nada”.  Esta mujer gozaba de buena posición, tenía un esposo próspero, también criados, una casa hermosa y vivía segura en medio de su pueblo (13).  Pero ella no tenia lo que la mujer viuda, esto es “hijos”.  En una ocasión el varón de Dios ordenó que llamasen a la Señora para  recompensar  todo su amor y su servicio para con el y le preguntó que necesitaba.  Nada, no necesitaba nada!!…o si necesitaba algo, pero pensó que sería mucho pedir, o que sería imposible, o que ya los años le habían pasado.  No se atrevió  abrir su boca.  Pero Dios sabía que ella tenía un deseo en su corazón.  Dios también sabe que hay un deseo en tu corazón:  un hijo, una casa, una carrera, una familia salva y sana , un ministerio…una intimidad mayor con  tú Dios.

Hoy Dios continua llamando “Señoras” y nos hace la misma pregunta: Qué puedo hacer por tí, hablar con el Rey o con el Jefe del ejercito?,<el uno concedía favores, el otro guardaba su seguridad>.  Dios le concedió por medio del profeta lo más que ella anhelaba, aquello que ni aun ella misma se atrevio pedír. En tres ocasiones el Profeta manda “llamar a la Señora” y en cada una de ellas esta mujer recibe una bendición especial de parte de Dios. Ahora, note como esta mujer se vuelve intrépida y aprende a pedir.  Cuando pierde el hijo de su deseo, le pide a su marido un criado y una mula y se lanza en busca del profeta.  Si esta mujer no insiste y se tira a los pies del profeta, no habria resucitado su hijo.

Aveces los deseos no llegan, otras veces éstos se mueren en nuestras rodillas(v20), pero tenemos que ser mujeres valientes.  No nos demos por vencidas  y sigamos luchando por aquellos deseos que Dios ha sembrado en nuestro corazón y cuya realización será para su gloria. Y vuelvo a repetir lo que dijera el profeta: “llama a la Señora” esta Señora eres tú.  Que estas esperando para pedir tú deseo?



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